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Presentación

El jardín de cemento.

1.

Unos artistas, de los que resulta fácil olvidar, tomaron  a un loro gris (especie en peligro de extinción en Bélgica) y lo sometieron, en su cautiverio artístico, a memorizar la frase: dejadme libre, let me go,  en el idioma que mejor lo imaginen. El teatro de su miseria es claro para nosotros de una manera satírica: la domesticación y el esfuerzo humano por fetichizar la vida silvestre. El acontecimiento motivó numerosos comentarios. Para los especialistas, la idea gozaba de una simpleza exquisita, economía de recursos y derroche de pertinencia en la selección de materiales (la jaula era de oro). Como se puede ver un festín de símbolos para la crítica y una claridad envidiable para el público general. Se puede hablar aquí de una experiencia completa, legible y cómoda.

2.

Tan absurda es la vida del loro gris fuera de nuestros ojos inquisidores como dentro de la tramoya conceptual de la industria artística. Creemos tener la materia suficiente para terminar la fábula de este argumento sin que valga la pena si quiera figurarse como hecho concreto la realización material del gesto.

De la misma manera, resulta inútil que David Nebreda exista. David Nebreda es un artista que se somete a diversas autotorturas, suplicio con finalidad estética que (suponemos) le genera la economía necesaria para dotar su producto (en su mayoría fotografías) de una cuota de choque y admiración sobre el límite al que sus prácticas lo exponen; un dato curioso es que nadie sabe donde vive ni da explicación o entrevista alguna de su particular empresa, todo es comentario de segundo grado, lo que parece notable de esta decisión no es el misterio publicitario que genera y revalora sus fotos, sino el ejercicio de la tortura como fin estético sin mas, es imposible dejar de pensar en aquel hermoso texto de Thomas de Quincey, Del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes, por supuesto que de Quincey, para contar su historia, no tuvo que construir ninguna cofradía amante del asesinato y, menos aun, cometer alguno. Cualquier denuncia en el trabajo de Nebreda, es excedida por la belleza de sus composiciones, el que sea una provocación decidir coserse labios y párpados no es menos ilusorio e inútil que la poética de su interpretación. Nebreda vive de su arte, su ejercicio estructuralmente es idéntico a muchos otros y como muchos otros las variantes de combinación derivan en productos diversos, determinar este común denominador dentro de ciertas prácticas que se pueden decir contemporáneas (tanto de ejecución como de interpretación) es lo que pretende este proyecto del Taller Rosa (TR); el cual se ordena a partir de un principio de clasificación: la clausura. Con clausura no nos referimos a una posible exégesis, sino a una posibilidad de evaluar el eje pragmático que comporta una sobredeterminación.

3.

Cada artista tiene a su disposición todos los recursos para imitar (re-personalizar) cualquier arte de cualquier tiempo, ni la técnica ni el material merecen análisis exhaustivos, ni siquiera simbólicos, es posible imaginar un lente que permita ver como se “ve” en un sueño, pero no es indispensable como novedad de mirar en arte esperar ese momento del logro de la técnica para encontrar su vinculación teórica, de cierta forma, el comentario rastrea cuerpos inútiles si no opera en función de los juegos de sustitución interior. En este caso, la ironía de ver un pájaro pintado en el lomo de una vaca para por ejemplo hablar de la vaca como crítica al soporte o al medio general de representación no tiene ninguna importancia (teórica), no cuestionamos que el espectáculo sea entretenido y que llevar la vaca a la galería o al matadero promueva otra serie de acontecimientos que interesen a algún público. Sin embargo este proyecto funciona para otra expectación, es un espacio para la crónica simulada de un análisis mediante cierta insistencia descriptiva, la inundación literaria de los gestos y el desentendimiento de su postulación visual, para este cometido hacemos tragar a esta vaca los sobrenombres de este pájaro, indiferentes al hecho de reconocer en el engullimiento a un ruiseñor, un cuervo o una cacatúa.

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